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MERCEDES PINTO


EL DIVORCIO COMO MEDIDA HIGIÉNICA UN SEÑOR... CUALQUIERA VENTANAS DE COLORES YO SOY LA NOVELA. VIDA Y OBRA DE MERCEDES PINTO ARTE CON MERCEDES PINTO



Obras de Mercedes Pinto

VENTANAS DE COLORES (Prosa Periodística)


Ventanas de Colores, de Mercedes Pinto
Edición e introducción de Alicia Llarena. Las Palmas de Gran Canaria, Ediciones del Cabildo de Gran Canaria-Instituto Canario de la Mujer, 2001


INTRODUCCIÓN (fragmento)

¿Por qué rescatar esta obra dispersa, la obra periodística de Mercedes Pinto? Precisamente por eso, porque nada más frágil ante el paso del tiempo que lo que fue diseminado en papel de un día, en efímero papel de periódico. Una vez despojados de la noticia y la actualidad que les dio vida, los artículos periodísticos yacen en el olvido, en el fondo de las hemerotecas, desposeídos de un contacto asiduo con el lector.

Así, la primera intención de este volumen es precisamente posibilitar la lectura de Ventanas de Colores, y contribuir con ello al precario conocimiento que en general tenemos de Mercedes. Muy a menudo es en la obra “menor” de un escritor donde encontramos jugosos elementos que completan su figura, amplían su retrato personal, esclarecen su proceso creativo y manifiestan los entresijos de sus ideas y actitudes. En este caso, además, esa máxima se cumple con creces, porque el periodismo fue la actividad más constante y prolífica en la vida de Mercedes Pinto, el más perseverante de sus vehículos expresivos.

Como ya se anunció, el libro reúne por vez primera los ciento sesenta y un artículos publicados semanalmente y de forma ininterrumpida en Los Jueves de Excelsior, revista suplemento del veterano diario mexicano, y bajo el rótulo genérico de “Ventanas de Colores”. Esta es por tanto, y rigurosamente hablando, la última producción de la escritora, su último testimonio intelectual: tanto es así que el último de los artículos (“El Destino”) fue publicado justo una semana después de su muerte, acaecida el 21 de octubre de 1976. Asombra desde luego que, con casi un siglo de vida a sus espaldas, la claridad mental de Mercedes, la lucidez con que responde su instinto intelectual, y la energía física con que se entrega a la actividad cultural, sigan incólumes y dispuestas. También sorprende, en esas circunstancias, la continuidad de su trabajo periodístico, porque no es fácil mantener una sección semanal, durante tres años consecutivos, y en una firma editorial como Excelsior, si no fuera porque, en el clásico juego de la oferta y la demanda —inapelable en este medio— la prosa de Mercedes seguía engendrando algún interés.

La serie, que se inicia el 30 de agosto de 1973, y se extiende hasta el 28 de octubre de 1976, comprende artículos de temática tan variada como atractiva, a veces impulsados por la urgencia del momento histórico —como los que aluden al derrocamiento de Allende—, otras por la memoria personal, o por la propia solicitud de los lectores. Los textos, en lenguaje llano, directo y sencillo, como corresponde a la prosa periodística, manifiestan también las peculiares marcas de Mercedes, sus impulsivos y pasionales rasgos de estilo, y su lógica permeabilidad a las ricas variedades del español de América, a las cuales en algún caso dedicará el artículo. El título, por su parte, no era nuevo en su obra: fue el título de una conferencia a principios de los años 30 [1], sirvió en La Habana como nombre de uno de sus programas radiofónicos y, en el propio Excelsior, fue el nombre de la columna que acogió sus habituales colaboraciones desde que empieza a trabajar para el diario [2]. La reiteración de este título es comprensible si se tienen en cuenta las tendencias generales del pensamiento de Mercedes Pinto, su posición frente al mundo, y su propuesta: mirar con otros ojos, escoger siempre el mejor punto de vista, el que dote a la realidad de una pigmentación alegre y positiva. Siguiendo su razonamiento en “Yo soy así”, ella es una “fuente de optimismo”, una ventana de colores: “Yo he mencionado el teatro, las novelas, la pintura y las bellezas deslumbrantes que la naturaleza ofrece como ventanas de colores que pueden abrirse a los seres que se encierran en sí mismos; todas esas fuentes de optimismo nos llegan a través de nuestros ojos”.

Ya en otro orden de cosas, y antes de abrir las Ventanas de Colores, es preciso recordar que, tratándose de artículos de prensa, sería vano esperar que aliente en ellos imperativos más propios del mundo de la creación; y también que Mercedes no merece destacarse solamente —ni exclusivamente— por sus méritos en los grandes géneros literarios. Cualquier expectativa que anhele ver en ella a la escritora genial de nuestras letras, valorando únicamente la calidad de su escritura, corre el riesgo de generar malentendidos, y de orillar otros ingredientes también muy seductores. Por otra parte, y siendo honestos, quizás sea hora de abrir espacios para esas voces de nuestra historia que —por escasa motivación, o por pruritos de calidad— no son llamados a formar de nuestra tradición humanística, de nuestras señas de identidad cultural, ámbito donde la escritura es sólo uno de sus átomos. En ese dominio, estoy segura de que Mercedes merece un sitio principal, y que esto se inferirá al asomarnos sin prejuicios a sus amplios ventanales.

Notas de lectura.

Es lógico que en un conjunto tan extenso de artículos, elaborados durante algo más de tres años, existan altibajos, y otro tipo de incidencias. Por ejemplo, puede ocurrir que, en algunas ocasiones, eche mano de sus textos poéticos para hacer frente a las circunstancias: sucede cuando, aquejada de una enfermedad dolorosa y molesta, Mercedes Pinto rellena el artículo con sus propios poemas. O puede tratarse, como hemos comprobado al contrastar estas Ventanas de Colores con otras colaboraciones y series periodísticas de la autora, de textos anteriormente publicados que reviven de nuevo en sus páginas. En estos últimos casos, la escritora modifica el título, o hace ligeros cambios en párrafos y frases, que nunca afectan por otra parte a la totalidad del artículo; muchas veces, incluso, aprovecha la ocasión para corregir los defectos de sus primeras ediciones.

Al hilo de estas observaciones he de decir que Ventanas de Colores tiene, en el conjunto inmenso de la producción periodística de Mercedes, un halo de singularidad paradójicamente extraño, y es que, mirándolo bien, en la serie se condensa una suerte de antología de toda su obra en periódicos y revistas. En otras palabras: muchos de los artículos que se inscriben en esta serie habían sido publicados en otros medios, en distintos países, y con muchos años de antelación (por lo que he comprobado hasta la fecha, al menos en Uruguay, La Habana y el propio México). Junto a los nuevos y originales, escritos por las variadas exigencias del momento, los antiguos se deslizan sin pudor, y ajenos al paso del tiempo. Esta circunstancia pone al descubierto dos matices importantes de la serie: primero, que la prosa periodística de Mercedes es en gran medida intemporal, hecho que demuestran especialmente los artículos que expresan sus posiciones feministas, educativas, o simplemente humanas. En segundo término, por el momento personal en que fueron escritos los artículos (los tres últimos años de su larga existencia, desde los 90 a los 93), puede decirse que esta serie es su propia selección, su antología personal, la que rescata muchos de sus textos esenciales, los que la propia Mercedes considera dignos de ser resucitados.

Vistos en su conjunto, el primer aspecto notable de estos artículos es que pueden resultarnos aún hoy curiosamente actuales o interesantes. Si no por la expectación que cada uno de los lectores pueda tener con respecto a la vida y la trayectoria de Mercedes —razón suficiente en sí— lo serán por la amplia gama de personajes que deambulan entre sus animadas páginas: personajes célebres, eternos, de los cuales descubrimos ahora una nueva anécdota, alguna particularidad; o individuos de a pie, gente común —por ello también universales— en los cuales veremos reflejadas nuestras propias circunstancias, las más corrientes, las más humanas. Si no fueran bastante estas razones, en la intimidad de la lectura se nos desvelarán muchos aspectos de Mercedes Pinto, de su vida intelectual, de su trayectoria humana, de su obra de creación, de sus motivos, sus argumentos, su espíritu, su ideología, de su tiempo y de su época, de la identidad espiritual de esta mujer por encima de todo inconfundible y única.

Lo que encontraremos en estas Ventanas de Colores no tiene desperdicio. Al fin y al cabo sabemos tan poco de nuestra escritora, que incluso algún probable desacierto expresivo pase inadvertido al lado de los argumentos y anécdotas que propone en el periódico. Por otro lado, estos apuntes periodísticos no querían ser literatura, no nacieron conscientes de ser textos literarios —aunque la mano lírica de Mercedes se haga notar en muchos instantes—, pues se sabían destinados a un impulso y un fin más inmediato, de comunicación con el lector, y de expresión de la propia identidad personal. ¿Qué nos aguarda, entonces, tras estas ventanas, dónde está su mayor atractivo? En líneas generales, estos artículos apuntan a algunos frentes muy específicos, constantes vitales, por otro lado, del intelecto de Mercedes. Y por clasificarlos de algún modo, o apuntar al menos sus posibles lecturas, desgranaré los que a mi juicio merecen más atenciones.

Uno de esos frentes —a veces asombroso por su interés general para el ámbito artístico— son los textos que podríamos denominar “semblanzas”, artículos que convocan a personajes relevantes, personalidades del mundo del arte (literatura, cine, teatro, pintura) o de la política, y con los que, en su mayoría, Mercedes se relacionó personalmente. Recordemos que en calidad de escritora, periodista, embajadora cultural, conferencista y trabajadora del gobierno, la escritora canaria tuvo la oportunidad de acceder a muchos de los talentos de la época, y de vivir junto a ellos originales anécdotas. Es destacable por ejemplo la amistad que la unió en Montevideo a la célebre poeta uruguaya Juana de Ibarbourou, de quien nos revelará Mercedes importantes matices emocionales:

"Y vino el momento en que nuestra amistad llegó a hacerse fraternal, porque conocer a Juana era conocer a una rosa que hablase, una paloma con voz, algo natural como el pan, el agua o la estrella, y de quien brotaba, sin embargo, la pena de ser como cualquier otra mujer, con casa, muebles, sirvientes... ¡y un marido! Porque Juana era una esclava de los prejuicios de su familia y de la opinión pública.
Yo me reía mientras ella se angustiaba pensando en “el qué dirán”...
Recuerdo una tarde en que habíamos salido a pasear por la playa de Malvín. Nos sentamos sobre la arena, ella contándome sus penas y yo dándole ánimos, ¡yo dándole ánimos a la más grande poetisa de América!De pronto vimos moverse algo a nuestro alrededor. Era un gatito de pocos meses, blanco y negro, que parecía un juguete, tan lindo era. Juana lo tomó en sus manos y, con él en su regazo, dándole su calor y sus caricias, estuvo toda la tarde... Ya caído el sol, me dijo al despedirnos: “Toma, llévate al gato, que en mi casa no me dejan tener animales...”
Y yo me llevé al gato, pensando con tristeza y asombro en que la gran Juana, que había recibido la víspera el homenaje de toda la América, no tenía derecho a llevarse un pequeño animalito que le había gustado...
Así era la vida... No conocía Buenos Aires. La invitaban continuamente de la República Argentina, a donde se iba en unas horas por barco y en unos minutos por avión, pero desde luego nunca tuvo permiso para ir a Brasil, ni a México, ni a España, donde hubiera sido recibida como una reina.
[3]"

En la casa de Juana de Ibarbourou conoció Mercedes a otras de las grandes poetas hispanoamericanas del momento, Alfonsina Storni, de quien hará nuestra escritora una emotiva defensa:

“(...) Tenía fama, la poetisa, de ser hosca y hasta áspera en su trato con las gentes. Había sufrido mucho con las murmuraciones y desaires de la sociedad, ante su maternidad, que ella decidió ocultar a sus nuevos conocidos, como lo demostró conmigo, presentándome a su pequeño hijo como “su sobrino”.
(...)
Por medio de Juana de Ibarbourou, conocí en la casa de ésta a la célebre poetisa argentina Alfonsina Storni. Un día envié a decir la imposibilidad de asistir a una reunión de escritores, a donde Juana y Alfonsina me invitaron cordiales.
Mi hijo Rubén, entonces de poco más de dos años, estaba enfermo hacía unos días, con alta fiebre, lo cual me tenía insomne y preocupada, impidiéndome ir a ninguna parte; y a las pocas horas de este aviso mío, se presentaba en mi casa de Montevideo, Alfonsina Storni, quien me dijo al entrar:
—“Esta noche quiero que descanses, porque yo vengo a quedarme a cuidar al niño”.
(...) ¡Ésa era la altiva, la hosca, la fría poetisa, que tenía por el contrario uno de los corazones más hermosos que he conocido...!
(En “Alfonsina”).

Las semblanzas que Mercedes entrega en estas Ventanas de Colores muestran siempre el lado humano, corriente y cotidiano del personaje, y es en esas apreciaciones subjetivas, que emanan de las vivencias que tuvo con todos ellos, donde reside el interés de estos retratos. No se trata de las ya consabidas y reiteradas anotaciones biográficas, sino del testimonio de quien posee información íntima, directa y afectiva, y que nutre con nuevos datos y circunstancias desconocidas nuestro conocimiento de los grandes. Así sucederá con otras páginas impagables dedicadas a la memoria de Pablo Neruda, David Alfaro Siqueiros, Dolores del Río, o Luigi Pirandello, entre muchos otros.

De todas las experiencias que Mercedes Pinto compartió con los nombres estelares de la cultura de su tiempo, hay una que por su enigmática naturaleza merece un capítulo aparte. En “La mano del poeta” señala primero la popularidad que tenían en Chile los métodos esotéricos:

"Por aquel tiempo estaba muy en boga en Chile el consultar quirománticos y adivinos, leer las cartas de baraja, mover las mesas y todo lo que a “espiritismo casero” concierne; y recuerdo que el mismo Presidente, don Arturo Alessandri me dijo un día “que muchos crímenes y robos eran aclarados por la policía por medio de espiritistas y videntes”.
Algunas personas que se creían con “facultades espirituales”, eran de muy buena sociedad como lo fue mi amiga la escritora Marta Brunet, nombrada luego de mi partida del país, cónsul de Chile en Montevideo, y que por cierto murió repentinamente, en medio de su discurso de reconocimiento, al ser nombrada también por el gobierno uruguayo académica, en premio a sus muchos méritos..."


Esa afición —cuenta Mercedes— también era compartida por el poeta José Santos Chocano, figura del modernismo peruano, con quien la escritora coincidió en una cena a la que había sido invitada por una notable familia de Santiago. Al inicio de lo que podía haber sido una larga amistad, sucedió algo inesperado y por demás misterioso: el poeta, que había decidido acudir a la consulta de una famosa vidente francesa, llegó con una hora de retraso. Mercedes, por su parte, que por indicación de Santos Chocano, había ido a esperarlo a la misma consulta, advirtió el nerviosismo de la extranjera:

“He citado a Chocano a las cuatro y son cerca de las cinco...”
Yo le repliqué: “¿Y eso es grave?”
Calló y continuó paseándose sin hacerme caso y, a las cinco y minutos, apareció el poeta dando una disculpa.
Pasaron los dos a otra habitación y yo quedé sentada hojeando el libro olvidado recuperado, cuando pasados unos minutos regresaron. Ella traía el rostro contraído y muy pálido. Él sonreía forzadamente, como niño cogido en falta, y me dijo mostrándome la palma de su mano:
“No hemos podido hacer nada, porque se me han borrado las rayas...”
Yo miré y, en efecto, su mano derecha tenía la piel amarillenta y estirada, sin las arrugas naturales.
Al notar el azoramiento de los dos, dije optimista:
“Tal vez apoyaría usted la mano en algún ácido, algo que estiró la piel borrando las rayas...”
Chocano se despidió con prisa y Madame X, volviéndose hacia mí, exclamó fuera de su dulzura habitual “En estas cosas, señora, se cree o no se cree... ¡Yo le dije que viniera a las cuatro! Y ya ve usted a qué hora llegó... Se le han borrado las rayas del porvenir, de la vida, ¡todas!”
Callamos las dos y así estuvimos mucho tiempo. Me despedí cuando ya oscurecía y me dirigí


a mi casa. Llegaba a la esquina y vi que venía corriendo mi hija Pituka, con los rubios cabellos desatados al aire.
“Mamá” —gritó desde lejos—, “ha telefoneado el ministro Gatica Martínez, para decirte ¡que acaban de asesinar a don José Santos Chocano”


Otro de los núcleos temáticos importantes en Ventanas de Colores lo constituyen las que ella misma llama en alguna ocasión “Estampas de una época”, artículos que reflejan el pasado insular, con nostalgia y humor entrañables. Las jugosas remembranzas de las Islas Canarias se remontan sobre todo a los años de su infancia y juventud en Tenerife, y a algunas de sus estancias en Gran Canaria, lugar de origen de su familia materna. En estos textos se expresa fielmente el espíritu de aquella vida insular, con su mentalidad, sus protocolos, sus incidencias, y sus tradiciones. Muchas de estas páginas constituyen una sorpresa para los lectores de ahora, que descubrirán en ellas una emotiva y no por ello menos real información, en torno a un mundo que nunca dejó de estar presente en su vida y en sus obras. Junto a la melancolía que la embarga profundamente, en estas evocaciones insulares se alcanza a adivinar esa asociación del archipiélago con su particular paraíso. Como lugar de su infancia y primera juventud, que Mercedes recuerda como sus tiempos más felices, Canarias se erige en la memoria de la escritora como el espacio arquetípico y edénico de su vida, y no se inhibe a la hora de expresar las bienaventuranzas de su naturaleza y de sus gentes: siempre que puede, Mercedes Pinto hace propaganda de las islas, sus paisajes, sus ciudades, el carácter amable del ser insular, imágenes teñidas por el aliento lírico y feliz que les da la memoria, el recuerdo en su sentido más etimológico:

“Veraneábamos en Tacoronte
—escribe—, un alegre pueblo de Tenerife, a una hora de automóvil de la capital de la isla, plantado en lo alto de una colina, sembrado de viñedos y perales, ciruelos e higueras; oloroso a frutos y flores como una bendición de Dios. Quien no vio las coles monstruosas de Tacoronte, no vio Catedrales con hojas verdes; enormes, gigantescas coles que regalan a los muchachos que van de fiesta, para que las lleven al hombro, como un inmenso quitasol que los cobija de sol y lluvia... Tacoronte es un pueblo lleno de rosas heliotropos, en profusión tal, que al caer la tarde, el perfume llega a marear, de tan intenso, mezclado con el fuerte olor de los pinares y montes de eucaliptos, que dan al viento el aroma de sus resinas...”. (en “Historia de amor”).

De su regreso a Tenerife en 1953 también hay noticias en las Ventanas de Colores. Hay tiempo, incluso, para que Mercedes perciba el progreso de la isla, y sus a veces fatales consecuencias:

"Muchos años sin volver a Tenerife... Muchos sin ver los campos eternamente floridos de mi tierra... Años y acontecimientos políticos y familiares que me hacían parecer casi extranjera en las Islas que me vieron hacer... Y, sin embargo, yo estaba allí, bajo el cielo siempre azul y rodeada del panorama arcaico e inalterable que hizo exclamar al gran sabio Humboldt, arrodillado sobre la inmensa alfombra verde que la naturaleza bordó de flores, desembocando en el mar, la célebre frase: “Aquí estuvo el Paraíso Terrenal”...
(...)
En realidad los anuncios comerciales sobre los incomparables campos de Tenerife, eran tan exagerados que, ocultando la belleza de la naturaleza, resultaban los cartelones y tablones pintarrajeados como un insulto al panorama de las Islas, como también ocurre en las carreteras de Italia y de otros países europeos" (En “Celos”).


Otras estampas sobre Canarias que Mercedes nos regala en sus artículos periodísticos nos remontan a épocas históricas en la vida del archipiélago, como aquella en que éste estaba unido en un solo distrito, mucho antes de la división provincial (“Mi prima la marquesa”). El valor testimonial de esos textos es enorme, porque permiten remontar las décadas pasadas y penetrar en su intimidad: me refiero a esos textos donde la temperatura de un tiempo histórico no se manifiesta a través de anotaciones sociológicas, sino a través de los personajes que, con sus emociones y sus anécdotas, nos permiten sentirla con toda su intensidad. En el artículo “Por ser año Santo”, por ejemplo, la vida religiosa de sus años de infancia, y la férrea disciplina que ésta requería, quedan retratadas a través de una simpática anécdota familiar, en cuyo relato el lector podrá acceder al espíritu de la época. La presencia del dominio católico, por otra parte, es una constante en la obra de Mercedes, cuya lucidez —y por lo tanto cuyas dudas, desconfianzas y preguntas— constituyó desde muy niña un problema para su practicante y aristocrática familia (léanse a este respecto las primeras páginas de
Ella).

Quizás por lo que tiene de retrato histórico del progreso en Canarias, y porque nos da la medida del asombro ante los avances que fueron llegando al archipiélago, el artículo donde Mercedes rememora la llegada de la luz, es especial. ¿Cómo se vive ese momento en que las velas se apagan, para dar paso a una sensación luminosa desconocida y extraña? Imposible saberlo para un lector de hoy:

"Diez años de edad tenía yo cuando comencé a escuchar rumores sobre algo que me interesó hasta el paroxismo; (...) La noticia era ésta; enorme, increíble y luminosa... Sobre todo luminosa, porque se trataba de luz, de una nueva clase de luz que acababan de instalar en Madrid y que pronto se pondría en Santa Cruz de Tenerife (...) Lo inminente, y lo que colmaba mi entusiasmo, era que el alcalde la ponía en su casa ¡en su propia casa! Y para celebrar este extraordinario acontecimiento, ofrecía una fiesta, dos días después de que la invitación —escrita con letras doradas, que leí con emoción—, llegó a mi casa.
(...)
Hubo un silencio completo. Los servidores apagaron a un tiempo las velas de los candelabros de la casa y por un momento nos quedamos a oscuras... Se oyeron leves murmullos y risitas ahogadas y, de pronto, ¡oh, milagro de los milagros!, brotó la luz, pero la luz total, fluida, en cascada a chorro milagroso y tan fuerte y duro que pareció llamarada dentro de mis ojos claros, y los cerré para abrirlos de nuevo y percibir las personas y las cosas como de día, como de sol sin calor, como suponía yo que sería la nítida claridad que iluminaría a Dios en los Cielos..." (“¡Luz, más luz!”).

Un tercer centro semántico habitual en la actividad periodística de Mercedes pertenece a su instinto sociológico, que desarrolla sobre todo en dos direcciones: por una parte, su lucha feminista, su apasionada defensa de los derechos y de la libertad de la mujer. Por otra, su pensamiento pedagógico, su reiterada confianza en la educación (y en una educación moderna) como soporte del individuo. El gusto por la sociología —de la que Mercedes amplió sus conocimientos a menudo— está emparentado con la personalidad espiritual de la escritora, que muchas veces expresa en sus artículos el amor a la humanidad y a todos sus entresijos. En este sentido, como periodista y conferenciante, tuvo el propósito de influir directamente sobre su entorno.

De su sabrosa conciencia feminista poco podríamos añadir que ya no haya quedado al descubierto en su semblanza biográfica: su conferencia en Madrid en 1923 (y otras que vendrían mucho más tarde), su participación directa con Colombine en la actividad política en pro de la mujer, sus novelas, sus obras de teatro y, como se advertirá a menudo en sus Ventanas de Colores, también su periodismo, fueron campo de acción donde llevar a la práctica sus pensamientos feministas, mérito por el que recibió muchos y calurosos homenajes. Se sentía Mercedes llamada a evitar que otras mujeres sufrieran lo que ella en el terreno personal e intelectual, y a intervenir en la conciencia no tanto de una mujer teórica, sino del sujeto femenino de a pie, el de todos los días, el que tiene en sus espaldas el deber de conducir la educación de sus hijos, los hombres y mujeres del mañana. Una de las razones por las que la conoció un rotundo éxito en su faceta de oradora y conferencista, fue ésta precisamente, su capacidad para dirigirse a un auditorio de carne y hueso, con vivencias cotidianas, con circunstancias concretas y reales, estableciendo de inmediato un vínculo afectivo con su público, un tono de confidencia que traducía proyectos políticos, anhelos sociales o reclamos legislativos —reservados a la mujer ilustrada— en cuestiones comunes y por ello naturales para todas las mujeres.

El derecho de la mujer a la educación y a su libre y pleno desarrollo eran insoslayables para Mercedes, que desgrana en múltiples aspectos este axioma fundamental. Lógicamente el divorcio tendrá un papel protagónico, como cabría esperarse de su propia odisea personal, pero también otras cuestiones de avanzada temperatura para la época: la preparación intelectual de las mujeres, la educación sexual, la maternidad responsable, los malos tratos en el ámbito doméstico, y hasta advertencias más íntimas: “No es malo tener cincuenta años”. Para entender el espacio que Mercedes dedica en sus artículos de Excelsior a la causa feminista, añadiré que en 1975 se celebró el Año Internacional de la Mujer, y que durante ese período la escritora contribuye conscientemente a la celebración a través de los artículos de la serie. Su ideario feminista, su práctica cotidiana sobre el entorno familiar o social en que cada mujer se desenvuelve, y su conciencia de la responsabilidad del sujeto femenino en todo el proceso, apuntan a un feminismo moderno, cuyas líneas generales pueden conocerse en estas páginas de prensa.

Otra de las pasiones de Mercedes se desprende de la anterior: la educación, que se erigió en piedra de toque de su obra intelectual. Pero ambas cosas —mujer y pedagogía—estaban estrechamente unidas, como lo demuestra sin ir más lejos una de sus conferencias argentinas en junio de 1932: “La pedagogía y el feminismo” [4]. Es evidente —y ello se transparenta en sus artículos periodísticos—, que Mercedes exigía a la mujer la máxima responsabilidad en su autodesarrollo, y en su proceso de liberación, y que en todo momento enfatizó el papel de ésta en la sociedad, e insistió en su potencial para transformar la conciencia individual en sus espacios vitales más próximos. El primero de esos espacios de práctica feminista era, evidentemente, la propia familia y, en gran medida, la educación de los hijos. La forma en que Mercedes planteó, en épocas aún hostiles al ámbito femenino, el binomio entre feminismo y pedagogía, despertó muchas veces el elogio de la audiencia: en Jujuy, donde intervino en varias ocasiones (Teatro Mitre, Escuela Normal Mixta, Escuela Belgrano, y Escuela Normal) disertó sobre el "Concepto moderno de la educación moral de la juventud", destacando en la conferencia la gran responsabilidad de la mujer en la sociedad, y su deber de aspirar a su completa liberación individual, para poder ser la educadora de sus hijos [5].

En relación directa o no con el feminismo, Mercedes Pinto fue, en palabras de un periodista paraguayo, que anuncia su charla en el Teatro Granados de Asunción, “esencialmente disertadora y divulgadora de cultura pedagógica" [6]. No hay que olvidar que los luminosos y modernos métodos de educación que ella tiene por ideales no eran sólo una teoría, al contrario, la educación fue parte de su trabajo, y desde esa práctica expandió luego sus experiencias y convicciones. En Uruguay, su instinto pedagógico y su capacidad para innovar en este ámbito no pasaron inadvertidos, sobre todo después de participar en una nueva experiencia, la “escuela activa”, que le valió el ya mencionado encargo del gobierno: recabar información sobre los métodos vigentes en escuelas, institutos y universidades de todos los países que visitara en su gira hispanoamericana. En su conferencia “El rol de la mujer en la hora actual y el niño en la escuela" pueden apreciarse las líneas maestras de su pensamiento docente y de sus métodos:

"El punto más saliente de su brillante exposición lo constituyó, sin duda, los conceptos y conocimientos vertidos sobre la escuela activa (...) el ideal de la educación (...) pues en ella se ausculta y respeta la verdadera vocación del niño y se le dan los medios para que pueda llegar a constituir un ser realmente útil dentro de la sociedad. Citó ejemplos de cuatro de estas escuelas establecidas en la república del Uruguay (...) donde se enseña al niño, poniendo a su alcance todo lo necesario para que el aprendizaje le sea más agradable y pueda asimilar el máximum de conocimientos posibles. Agregó que para hablar de Rusia, —por ejemplo— se empleaba todo un día y a veces semanas, y se encaraba el punto desde todos los aspectos, enseñándose geografía, historia, etc., mezclándose a los modos de vida del pueblo, la fauna, la flora, la música, la poesía, etc., de manera que el educando tenga al respecto, conceptos generales y amplios. Indicó cómo allí a los niños se les pedía llevaran algodón, para que ellos mismos formaran luego las estepas rusas y pudieran tomar así una impresión, que no se borraría ya de las mentes infantiles.
Hablando de la mujer y del verdadero sentido de la belleza, dijo que en los tiempos que corren se nota ya, de lo que debemos alegrarnos, que ésta no lo constituye la cara bonita, sino las prendas morales y espirituales de la mujer y que, por lo tanto, resulta risible, ridículo un concurso de belleza entre el sexo débil, donde las participantes se exhiben en un escaparate como si se tratara de perritos de loza, o de cualquier otro objeto de adorno"
[7].

En este primer intento de clasificación de los contenidos más relevantes de Ventanas de Colores, y al margen de otros que también tienen un peso específico en la serie (las “consultas” espirituales de los lectores, por ejemplo, que Mercedes responderá desde Los Jueves de Excelsior) hemos dejado para el final páginas que sin duda conmocionarán a más de un lector. Son las que relatan los momentos claves de su trayectoria existencial, páginas autobiográficas que nos permiten comprenderla con cierta profundidad.

Hay textos especialmente impagables para quien se sienta atraído por su interesante biografía, artículos que a modo de serie dentro de la serie narran su propia versión de los acontecimientos: Desde “Río abajo” hasta “Sarandí”, Mercedes sintetiza en seis entregas periodísticas episodios definitivos e intensos: por qué decide salir de España, por qué a Montevideo, cómo logra salir del país, la imprevista muerte de su primogénito en Portugal, el nacimiento de un nuevo hijo a bordo del barco, el recibimiento que le espera en Uruguay, y sus primeras andanzas en Sudamérica. Y aunque quizás sean éstas las páginas más conscientemente autobiográficas de todas, lo cierto es que sus
Ventanas de Colores están salpicadas por apuntes de los que emanan una importante información sobre su vida. El relato de esos instantes podría ser interminable, e incluso innecesario, pues el lector, en cuanto abra los postigos de estas ventanas, se encontrará frente a frente con la escritora. Reservemos, pues, para ese encuentro con sus textos, la magia del descubrimiento, y la revelación de su personalidad fuerte y magnética.

NOTAS:

[1] En La Gaceta de Tucumán (sábado 11 de junio de 1932) se anuncian las siguientes conferencias de Mercedes: el 10 de junio, a las 17 horas, en la Escuela de Agricultura, “La vida sexual”, y a las 19 horas, en la Universidad, "La mujer y la vida". Y se añade textualmente: “Hoy toca "Ventanas de colores".
[2] Buena parte de los artículos que integran estas Ventanas de Colores había sido publicada anteriormente, y no sólo en Excelsior, durante los años sesenta, sino en etapas y países diferentes. Más adelante volveremos sobre esta circunstancia.
[3] En “Juana” (que incluye además el texto íntegro que Ibarbourou publicó en la prensa montevideana, como homenaje y despedida a Mercedes Pinto).
[4] Un diario argentino da noticia de da noticia de las siete conferencias que impartirá Mercedes: "Sonata de amor", "España, sus bellezas y sus valores", "La mujer y la sociedad moderna", "La mujer y la política", "Poetisas uruguayas: semblanzas", "La mujer y la legislación obrera" y "La pedagogía y el feminismo" (La Gaceta, Tucumán, 2 de junio de 1932).
[5] El Día, Jujuy, 25 de junio de 1932.
[6] El Liberal, Asunción, 4 de mayo de 1932.
[7] El Orden, Tucumán, sábado 18 de junio.

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